domingo, 28 de septiembre de 2014

VAMOS

Cuando llueva
vamos a salir corriendo 
hacia la calle.
Vamos a patalear en el barro.
Desde el principio,
vamos a mirarnos
sin caretas.
Vamos a desafiar todo lo dicho.
No hay libertad más grande
que nadar contracorriente,
contra mar o contra viento.
Vamos a aprender a amar a otro,
antes que dos mas dos 
son cuatro.
Vamos a hablar con la boca llena
y que lo importante
sea lo que decimos.
Vamos a ensuciarnos la ropa jugando.
Vamos a dormirnos tarde,
para aprender que la noche
es buena amiga.
Así, despacito
vas a construir tu propio mundo,
inundado de música y amigos.
Y no te preocupes...
yo siempre voy a estar mirando.
P.S.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

TAN DESPACITO

Si estás viniendo hacia mí
tan despacito,
voy a tratar de borrar
todo lo feo.
Voy a correr todas la nubes
para que sea sol
tu bienvenida.
Voy a salir a juntar
todos los colores
para hacer una cuna
de arco iris.
Si estás viniendo hacia mí
tan despacito,
voy a poner toda la música
en tu pequeña almohada,
y el sonido bello de un gorrión
que solo en plena libertad
te canta.
Voy a seguir buscando
entre mil noches
ese puñado de letras
que te nombre.
Y cuando llegues,
y cuando crezcas,
rodeado de colores
de música y de soles,
montado en tu propia libertad
salgas al mundo,
y veas que son muchos
los que no tienen soles
ni arco iris,
y no se arrullan
en el canto de gorriones,
entonces,
empieces a buscar todo lo feo,
entonces,
aprendas a vivir para cambiarlo.
P.S.

ATADURAS

Solo la atan a mí
sus brazos y los míos
y los besos que faltan...
y un sueño de dos
que es uno solo.
No precisa firmas, papeles,
ni oscuros funcionarios
que puedan dar fe
de lo que no han probado.
Solo nos atan los abrazos,
los besos...
y un sueño por venir
que no es milagro.
P.S.

martes, 23 de septiembre de 2014

HIERRO Y SANGRE

Sangre pobre
que regó la calle,
como siempre 
la misma sangre
de los mismos pobres.
Sangre de comedor,
sangre de villa,
hierro de puente
convertido en carne
que termina en dos manos
curtidas de trabajo.
El arma cobarde
corta el grito villero
con un trueno asesino
y traicionero.
Otra vez,
dos pobres en el piso
con heridas mortales
por donde brotan
claveles piqueteros.
Cuentan los obreros
que algunas madrugadas
al cruzar por ese puente,
antes hierro,
sienten la voz de Maxi y de Darío 
con sol de puño
gritando que no han muerto.
P.S.

JUAN


                                   Para Juan Gelman
Dicen que murió Juan.
Juan el poeta,
o el que anduvo peregrino
tras su sangre.
Siempre que muere un Juan
se va alguien simple.
Cuatro letras apenas
que dicen tanto.
¿A quién le robaremos poemas
para declarar nuestro amor
atragantado?
Dicen que murió Juan.
En la última página de su vida
no había un "fin" de despedida,
sino un Macarena,
de pura bienvenida.
Si es cierto que murió Juan,
nuestro Juan
el compañero,
debería regalarse un libro en blanco,
simple como su nombre
sin relieves ni colores,
para poder recordar
así también...
lo que no ha escrito.
P.S.

EL ÍDOLO DEL BARRIO

Pego Biglia y Tapón Regueiro
Todo barrio tiene su ídolo, y el nuestro no fue la excepción. Nuestro ídolo cumplía una doble función: de lunes a domingo a la mañana era el verdulero del barrio y el domingo a la tarde se convertía en uno de los mejores jugadores de fútbol que hayan pisado la Liga Mercedina. Estoy hablando de Roberto “Tapón” Regueiro. En los casi 40 años que viví en el barrio no recuerdo un solo día en que la verdulería de Tapón estuviera cerrada. Todos los días, metódicamente, alrededor de las 6 de la mañana Roberto empezaba a sacar los cajones de verdura a la calle para tener todo listo bien temprano. La ventana de mi pieza, en la casa de mis viejos, daba justo enfrente de la verdulería de Tapón, así que en pleno invierno, metido debajo de las frazadas podía escuchar el ruido de los cajones acomodándose en la vereda. Tapón es un tipo mas bien serio, de pocas palabras. Con “Lito”, el más chico de los Regueiro, compartimos parte de la infancia y la juventud por la cercanía en nuestra edad y la proximidad de nuestras casas, por lo que los domingos nos encontrábamos en la Liga: él iba a ver a su hermano y yo al ídolo del barrio.
El ritual del fútbol de primera en Mercedes en los años 80 contaba con tres partidos : 14 hs, 16 h y 18 hs. Yo comencé a vivir ésta historia de la mano de mi abuelo. Tenía apenas 10 años e iba con el viejo, temprano porque mirábamos los tres partidos, y nos sentábamos detrás del arco que daba a la antigua Fundición, con su emblemática “chimenea” desde donde miraban el partido los muchachos que no podían pagar la entrada. Detrás de ese arco no había tribuna, solamente tenía unos bancos de cemento como los de plaza contra el alambre y los demás tenían que mirar el partido parados. En los entretiempos y entre partido y partido, nos juntábamos un montón de pibes a patear atrás de la tribuna de la platea.
Tapón era marcador central. Cabeceaba muy bien a pesar de su estatura, y nunca vi un defensor que fuera tan difícil de superar por los delanteros. Hoy, a la distancia, puedo asegurar que Tapón era una especie de mezcla entre Passarella y Mascherano. Impasable.
Lo recuerdo con la camiseta de Gimnasia, la de Mercedes-Del Progreso y alguna que otra vez con la de Velez, ya que era costumbre que el equipo que salía campeón era reforzado con los mejores jugadores de los otros equipos para representar a Mercedes en el Regional Provincial, y en esa selección nunca quedaba afuera Tapón. Pero los mejores recuerdos de nuestro ídolo los tengo con la camiseta de la selección Mercedina. Allí formaba equipo con el “Chufo” Labín, “Palito” Díaz, los hermanos Sautú, el “Loco” Mazeo, “Pego” Biglia, “Mamón” Ballesteros, el “Canario” Biaggini y unos cuantos más de los grandes jugadores que en esos años abundaban en los clubes. Tengo un recuerdo imborrable de Tapón jugando en una selección mercedina junto al gran Roque Avallay, que durante algunos años deleitó a los mercedinos con su clase y su picardía, sobre todo a los que éramos hinchas de Velez.
Era una sensación rara que el mismo tipo que te hacía delirar en la cancha con su juego seguro y vehemente al otro día estaba del otro lado de un mostrador preguntándote “qué vas a llevar”. Creo que era el único lugar al que no le protestaba a mi vieja cuando tenía que hacer los mandados. En la verdulería de Tapón se respiraba fútbol. Los que iban a charlar no tenían otro tema que Boca y Mercedes. Había otra cosa que me unía al ídolo: la familia Regueiro estaba totalmente identificada con Boca Jrs para todos los mercedinos, por lo tanto cada vez que otro de los grandes salía campeón, era cosa mandada que la caravana se detuviera en la esquina de 32 y 41 para enrostrarle su campeonato a los bosteros. Cuando salía campeón Boca, la esquina se convertía en una fiesta.
Tapón jugó en la Liga hasta casi los 40 años…le sobraba categoría y estado físico, así que tuvimos la suerte de disfrutarlo mucho tiempo. La leyenda cuenta que fue tentado, junto a “Tito”Lucero para jugar en Boca pero que fruto de los años de bohemia optaron por un equipo de la Pampa. Yo me fuí del barrio -o no me fuí nunca, no sé- y mis últimos años de espectador en la Liga fueron viendo a mi amigo Nani San Pedro integrando un legendario equipo del Club Mercedes que por fin pudo darnos el título que tantos grandes jugadores no pudieron: campeones provinciales.
Hoy, casi 40 años después, nuestro ídolo sigue sacando los cajones a la calle a las 6 de la mañana. En la Liga se juega algo muy parecido al fútbol pero que no es fútbol. Cuando voy para la casa de mis viejos, miro para esa esquina y Tapón me levanta el brazo para saludarme. Automáticamente se me aparece su imagen en una de las áreas de la Liga levantándole el brazo al canario Biaggini para marcarle que si el córner viene ahí, festejamos todos.
P.S.

lunes, 22 de septiembre de 2014

LUGARES

No estaba en París
ni en Roma.
Tampoco en Londres
a las cinco de la tarde.
No caminaba por los Jardines Colgantes
en Babilonia,
ni miraba el mundo desde la Gran Muralla.
No respiraba el aire de Belén,
donde nació tu dios.
Mis ojos no contemplaban asombrados
el rojo encantador de los tulipanes
en Flevolanda.
No estaba aturdido
por el silencio del Gran Cañon
ni por el estruendo
de la Garganta del Diablo.
Pero sí estaba en el patio de mi casa,
acostado en el pasto.
Un olor a humedad de caracol,
el mismo de mi infancia,
inundaba la sombra.
Tierra de la calle,
calle de tierra,
me caía en los ojos.
Boca arriba
adivinando el sol entre las hojas,
extendí largos los brazos
sobre el verde.
Entonces fuí feliz,
en el lugar donde
viví todas mis vidas,
y donde espero morir
mi última muerte.
P.S.